Suspiros del tiempo…

(Recomiendo leer el siguiente texto con el audio sugerido arriba)

Suspiros… suspiros que emanan desde el alma, con esencias del pasado y con tinturas del presente. Suspiros que llevan en su aire lo profundo de un corazón, un recuerdo, un sentimiento y hasta un pensamiento. Suspiros impregnados de nostalgia, melancolía y una pizca de rememoranza, por aquello que estuvo y que ya no está.

Son suspiros, todos, pequeñas (o gigantes) bocanadas de aire que se toma desde fuera, se recicla en los pulmones y se maquilla con todos los coloretes, adornos, tatuajes e insignias que el corazón tenga a mano. Son pequeños tornaditos que en su camino absorben y arrasan con un sinfin de cosas, desde cicatrices hasta alegrías. Suspiros eyectados por la imagen frente a los ojos, por el aroma que impregna el olfato, por el déjà vú de un asiento, un piso, un pasto donde antes confluyeran otros personajes, y donde su esencia quedó de alguna forma inmortalizada. Suspiros que pueden ser desde una brisa costera a un denso smog capitalino. Son todos suspiros, todos trocitos de algo que quedó inconcluso, de un residuo o un brote. Es la “defragmentación” de lo que está desordenado, de lo que necesita recuperar su lugar de origen. Suspiros que calan el alma y que enfrían los labios. Suspiros que ensanchan un vientre y lo aplanan súbitamente. Suspiros que, tartamudos, elevan entrecortadamente la respiración hasta su límite y la dejan escapar en una catarata de tibio aire.

Suspiros. Suspiros como los de hoy, los de ayer, los de ahora. Y quizás los de mañana. Suspiros como los tuyos, por quizás qué de todo lo que pensabas. Suspiros como los míos, surgidos desde tus suspiros o desde los míos propios. Suspiros como besos sin destino, o como anhelando ser aquel destino. Suspiros como caricias indiscretas y encubiertas sobre tu cabello o tu piel, o sobre la intención de que fuesen directos y concretos. Suspiros.

Suspiros como aquellos que ahora acompañan el coro de aquellas canciones. Como aquellos que esperaban verte y no te vieron. Como aquellos de lo que se esperaba que ocurriese y no ocurrió. Como aquellos de las expectativas no cumplidas, o de aquellas que fracasaron. Suspiros que nacen en los labios o en la punta de la nariz. Suspiros y más suspiros, por otra jornada donde todo pudo ser A, pero fue J. Y donde lo último que se esperaba era terminar en suspiros, mas todo confluyó hacia allá.

Suspiros.

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