La "teoría" del "efecto boomerang" (Berger, 2008)

Muchas personas (partiendo por mi, en este caso) han de haber experimentado en más de una ocasión la frustración que produce el recibir una “puñalada por la espada” luego de una amistad, relación, etc., en que dimos todo de nosotros para que al final, practicamente no importara. Muchas veces nos ha caído la actitud o reacción de la otra persona como un balde de hielo frío y bien sólido (porque además de ser muy amargo el trago, duele ene) en la cabeza, aún cuando en nuestro interés inicial jamás estuvo esperar que el otro estuviera a la par nuestra, o nos respondiera tal cual nosotros le dábamos.

Cuales boxeadores, sincera y puramente queríamos “dar sin recibir”, porque eso hacía feliz a la otra persona, y a la vez, a nosotros… o al menos, eso creíamos.

¿Que pasa entonces? ¿Por qué ese dolor tan profundo cuando la contraparte no responde a nuestro cariño de una forma similar o igual?

Sencillo. Es lo que vengo a denominar “teoría del efecto boomerang”.

Aún cuando en nuestra consciencia no estuviese el deseo primario de entregar cariño, amistad, o amor a alguien en pos de recibirlo de vuelta, si existe un deseo inconsciente y constante de que ello sea retribuído de alguna forma. Una sonrisa, una caricia, un gesto de vuelta, un mimo (no del tipo de cara blanca, sino un regaloneo ), cualquier cosa de ese tipo que llenase ese “pequeño espacio” en nuestro interior que entregamos a un otro importante y significativo para nosotros, y que nos vuelva a dejar completos y regocijados de haber sido recompensados por nuestra preocupación, dedicación e inclusive, por los pequeños detalles cotidianos que marcan las diferencias en una relación. En otras palabras, “lanzamos” un algo (el “boomerang”), deseando que vuelva a nosotros, ojalá, tal y como lo enviamos (o mejor).

Pero existe un problema clave. Esa espera generalmente es silenciosa y muda, donde jamás se le hace saber al otro lo que a uno le hace falta, o lo que uno siente que le hará bien, o que le podrá alegrar, pues suponemos que la otra persona, al igual que nosotros, actúa bajo un mismo esquema y una misma estructura de acción, y generalmente no es tal.

¿Que hacer, entonces?

La clave para aprender a lidiar con esto no es odiarle, tenerle malas o martirizarse pensando lo mucho que se sufre o se pasa mal. No tiene nada de malo, salvo por un “pequeñísimo” (pero a la vez, gigante) factor esencial: uno debería utilizar este boomerang, primero y antes que nada, con uno mismo. Luego de ello, cuando uno sabe entregarse a si mismo tanto como es capaz de entregar por los otros, se aprende también a comprender que los demás son los demás y muchas veces sus prioridades parten consigo mismos, y que por ello (o por enfocar sus respectivos boomerangs a otras personas) no responden de la misma forma a nosotros, porque su forma de entregarse a si mismos es distinta a la nuestra.

Ahora… si llegamos a toparnos con alguien en nuestra misma conducta, pueden pasar dos cosas:

  • Que los dos esten constantemente entregándoles más y más al otro, felices los dos, y que el boomerang cada vez vuele más y más lejos a causa de la constante retroalimentación entre ambas personas, o
  • Que lo mismo anterior se torne una carga, a causa de la necesidad de sentir que uno satisface las expectativas del otro (esperando que ese otro satisfaga las nuestras)
Asi que… ojo. A no olvidar nunca que la única persona con la que compartiremos eternamente cada segundo, hasta el último, es con nosotros mismos. Esto no significa volverse ermitaño o no pescar a nadie… sino que, para poder entregar bien a un otro, sin tener el vacío interno de esperar que ese otro nos retribuya o “rellene” con sus conductas, debemos tenerlo cubierto con nosotros mismos, cosa que en el momento en que un otro nos entregue parte de sí, no sea para “tapar vacíos”, sino para complementar y acrecentar nuestra alegría interior.

Saludos!

4 comentarios to “La "teoría" del "efecto boomerang" (Berger, 2008)”

  1. Fabita Says:

    Ya comenté el tema en el antro, pero igual vuelvo 😛

    Cuando lo leí estaba pensando en exactamente lo mismo, y fue un poco raro, porque me sentía muy culpable porque había llegado un momento en el que entregar ya no era tan rico cuando no te retribuyen. Buen momento el que escogí para leer el tema, creo.

    En general cuando paso por esos achaques, trato de hacer vida social. Es increíble lo que “volar sobre la tormenta” hace por uno.

    Saludos.

  2. Anonymous Says:

    En qué momento tan oportuno regreso a leer esta reflexión! Lamentablemente, creo que vivimos en un mundo dominado por el egoísmo, y los poquititos que quedamos dispuestos a entregarlo todo por esa otra persona, debemos comenzar a darnos cuenta que la mayoría de las veces, “estamos solos en esto” y que todo lo que seamos capaces de entregar por el otro, debemos hacerlo concientes de que es solo “un ida” (sin vuelta). Y a mi entender, creo que es bastante difícil coincidir en un 50 y 50 de entrega mutua. Lamentablemente, en general, en toda relación sea de la índole que sea, aún más tratándode se una relación de pareja, siempre hay uno que “quiere más que el otro”. No sé en qué irá eso, pero mi propia experiencia me lleva a esa conclusión; es muy difícil que la otra persona nos regrese lo mismo que le entregamos, porque dificilmente nos llegan a querer del mismo modo que queremos nosotros. Quizás el exceso de seguridad que le otorgamos a la otra persona cuando la queremos tanto, le da la tranquilidad de que haga lo que haga siempre nos tendrá allí a su lado, y la otra persona lo interpreta como que “dá lo mismo si me devolvés o no el afecto, siempre estaré a tu lado queriéndote del mismo modo…” Pero coincido ampliamente en autoalimentarnos de afecto a nosotros mismos, pues los demás no esperan por nosotros para vivir; viven por sí mismos, y nosotros somos tan solo un complemento. Del mismo modo, debemos querernos y valorarnos nosotros mismos primero, para que luego puedan llegar a querernos los demás…. Me encantó tu reflexión, se nota tu vocación por la psicología; estoy segura que harás grandes aportes en esa rama.

    Laura

  3. letrasdeunasopa Says:

    gran blog. muy util.

    cuentos en:
    http://letrasdeunasopa.blogspot.com

    saludos

  4. Anonymous Says:

    mmm, muchacho, eso de la teoría Boomerang es lo mismo que la teoría de los vasos de agua, con la diferencia que esta última metáfora permite ver más claramente algo que no está tan claro con los boomerang.

    Cuando estás con una persona a la que le “viertes cariño” es como si ambos fueran dos vasos de agua, el cristal es el cuerpo, y el agua es lo sublime. y el conjunto vaso con agua es el “ser”. Entonces si tu conoces a otro ser lo ideal es que ambos intercambien sus aguitas para q ambos aprendan uno del otro y crescan mutuamente. Pero si sólo uno vierte agua en el otro pasará que llegará un punto en que rebalsarás el agua del otro vaso y entonces este no podrá dimensionar la cantidad de agua qe está recibiendo porque no tendra la capacidad de abarcarla, y ademas por el hecho de rebalsarse le provocará una inestabilidad que hará que lo único que desee es cortar ese suministro excesivo de agua, y por otro lado el vaso que vierte dejará de tener agua en su interior y será sólo un vaso, un cuerpo sin alma.

    En todo caso las metáforas sirven frecuentemente para entender un aspecto, pero no son la realidad en sí(el mapa no es el territorio, ni la palabra es el objeto que designa),pues en esta metáfora hace falta lo corporal, pues si te quieres acercar a alguien como pareja es importante que se abarque lo sublime y lo corporal, si lo haces solo con lo sublime, el otro te verá como un alma bella, pero sin representación corpórea, por lo que no “existe en la realidad” y por el contrario si te acercas sólo en lo corporal, el otro te verá totalmewnte accesible y real, pero sin una belleza que lo anime y reconforte a explorar y aprender de ese lugar, de esa realidad.

    Espero que te sirva muchacho, he sabido de ti por puros pelambres, los cuales han creado un prejuicio sobre ti, pero creo q eres honesto en lo racional y espero que te sirva lo que te escribí.

    Arpegiador

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